Objetivo: Recordar al cristiano agobiado por los vaivenes de la vida cómo vivir y disfrutar la salvación que ofrece Dios.
La emoción del “primer día” se graba siempre en la mente de las personas. El primer día de casados, el primer embarazo, el primer día de clases, el primer día de trabajo, el día en que estrené mi casa, el primer coche etc.
Hay experiencias que duran para toda la vida y experiencias que se disfrutan sólo al momento.
El bautismo es un acto que siempre debiera recordarnos que somos hijos de Dios, herederos de sus promesas y salvos por su gracia.
Debemos vivir la salvación y disfrutarla diariamente. La salvación no es una experiencia del momento.
Es común ver cristianos con caras largas e insatisfechos en algún aspecto de su vida, dejando que la frustración opaque la alegría que sólo los hijos de Dios pueden disfrutar.
Quizás todos hemos pasado por experiencias de este tipo, pero tenemos mayores razones para estar felices que cualquiera jamás presentada para agobiarnos.
Tenemos salvación desde el momento en que aceptamos a Cristo y nos bautizamos. Dios pone la salvación en nuestra mano, nos da su Espíritu como garantía de nuestra salvación. Desde ese momento, ya somos salvos; no hace falta llegar a la muerte para saber que Dios cumplirá su promesa. Eso es motivo de gozo cada mañana.
La salvación llega a nosotros sin mérito alguno [Ef. 2:8,9]. Dios la regala por amor. No hay dinero de por medio [Hch. 8:20], sólo quiere un corazón humilde, que crea en Él y en Su hijo.
Dios tiene salvación para todo el mundo [2 P. 3:9] y le hace llegar su invitación a través de sus embajadores [2 Co. 5:20]; espera que todos acudan al llamado [Ap. 3:20].
Los que hemos aceptado, podemos decir: ¡gracias Dios por ese don inefable!
Recibir este regalo sin merecerlo, es razón de gozo diario.
Nadie puede pagarla con nada. Jesucristo pagó el precio. Dios pagó con la vida de su hijo, el más alto precio que se puede pagar. [Jn. 3:16]
La salvación se vive valorando lo que Dios ha hecho por ti. Apreciando el sacrificio de Cristo
Nada de lo que suceda en tu vida es mayor de lo que Dios te ofrece. Tan sólo en esta vida, Dios ofrece cien veces más de lo perdido por su causa y además, la salvación. [Mt 19:29]
No dejes que los fracasos ni carencias opaquen el valor de tu salvación, mucho menos las grandes bendiciones materiales que Dios te ha dado. Nada tiene mayor valor que la salvación.
Para el mundo vale más el placer, los vicios, la popularidad, el conocimiento y los bienes materiales. Se dejan vislumbrar por lo material y se vanaglorian en los monumentos a su grandeza.
Que haya comprado la salvación para nosotros y la tengamos en nuestra mano, es motivo de agradecimiento y fortuna.
La salvación tiene un propósito personal y colectivo
No somos salvos sólo para nuestro beneficio, sino además para glorificar a Dios y edificar su Iglesia.
Estamos en su iglesia porque Dios así lo planeó; no por la elocuencia del evangelista ni por su invitación; es el poder de Dios, al cual ningún humilde puede resistir. Dios tiene un plan al llamarte y poner la salvación en tu mano.
La intención de Dios es que nuestra salvación resulte en obras de servicio. Como gratitud por este regalo, buscamos servir y ayudar a otros diariamente con cariño, amor y benevolencia. [Sgo. 2:24]
Somos salvos para compartir con los demás las riquezas de Dios. Estamos bajo su autoridad, debemos hacer más discípulos. Esto no es una opción, es un mandato para todos lo que lo consideran como «Señor».
Testificar en nuestra vida y predicación las grandezas de Dios es una razón más para vivir gozosos la salvación.
La salvación produce gozo y esperanza en esta vida y en la venidera
El llamado de Dios no es al sufrimiento, es al gozo.
El descanso que Jesús promete es paz con Dios, no el que uno tenga que dejar todo esfuerzo. [Mt 11:28-30]. Una relación con Dios transforma un trabajo cansador y sin sentido, en productividad espiritual con propósito.
El etíope recibió la salvación y siguió gozoso su camino. [Hch 8:39]
El carcelero de filipos se regocijó por haber creído. [Hch 16:34]
El gozo de la salvación viene como resultado de una constante comunión con Dios.
Jamás podrás gozar la salvación hoy, ni en la eternidad si tienes una comunión intermitente con Dios. La razón es simple: para Dios no hay puntos medios o tienes la salvación, o no la tienes, Dios no da ni espera a cuenta gotas.
Cualquier otro gozo no producido por la paz de Dios es sólo la “emoción del momento”
La salvación se cuida
¡La salvación puede perderse!
Podremos mantener firmemente asida nuestra salvación si tenemos una fe viva, es decir, obediente a la palabra de Dios. (Fil. 2:12); Hebreos 2:3
Dios protege nuestra salvación contra agentes externos [Rom. 8:35,37-39], pero nosotros debemos protegernos de la negligencia y de la desobediencia voluntaria.[He. 3:12]
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