De ramera a heroína de la fe
El pueblo de Israel había vagado por el desierto durante 40 años y estaba a punto de entrar a la tierra prometida a unos 1400 años antes de Cristo. Josué, el líder de los israelitas estaba a punto de tomar la tierra prometida pero debía exterminar a las naciones que la ocupaban. Josué envió a dos espías para que reconocieran la tierra justo al occidente del río Jordán, y muy especialmente la imponente ciudad de Jericó.
El perfil de Rahab
Al llegar a Jericó, una ciudad con imponentes murallas y de gran tráfico comercial, los espías se mezclaron entre la gente y comenzaron inspeccionar el territorio. Josué necesitaba información estratégica acerca de la ciudad para la batalla que se avecinaba: espesor y altura de los muros, los baluartes y las guardias de resguardo de la ciudad, el estado anímico de la ciudad. Al llegar a la ciudad, llegaron a casa de Rahab, una ramera. ¿Porqué se quedaron los espías en la casa de Rahab?, quizás porque era un buen lugar para recopilar información sin despertar sospechas, quizás porque su casa estaba en el muro de la ciudad y era ideal para un escape rápido, o quizás también porque Dios guió a los espías a su casa porque sabía que su corazón estaba abierto hacia Él.
Las obras de Dios no se limitan al oficio o a las carencias exteriores de las personas. Él que conoce plenamente los corazones y utiliza todo lo que hay para llevar a cabo sus planes. Rahab no permitió que su pasado impidiera desarrollar el papel que Dios le había presentado.
Corrió un gran riesgo
Cuando el rey de Jericó supo que los espías de Israel habían entrado en su ciudad, inmediatamente envió soldados a la casa de Rahab. Ella, al darse cuenta por instantes de anticipación, los escondió en el terrado, entre los manojos de lino que tenía. Cuando los soldados llegaron, ella mintió para salvar sus vidas diciendo que ya habían partido y que no tenía idea de sus propósitos.
Bajo ninguna circunstancia enseña la biblia que la mentira sea justificable. La mentira es pecado. La mentira de Rahab existió en un contexto en el que, por no ser judía, no se podía esperar que guardara los principios morales de la ley de Dios. Sí, pudo haber otra manera de salvar a los espías de Israel, sin embargo, así como en ese momento de presión ella falló, nosotros podemos fallar. Lo importante es que Dios da la posibilidad del perdón, no siendo esto una justificación para practicar el pecado. Pues más adelante vemos en Rahab un cambio de vida.

Muchos supondrían que Rahab –pagana, cananea y prostituta— no se interesara en Dios. Sin embargo ella supo quién era Él, ella sabía que Dios había secado las aguas del mar muerto para que su pueblo, Israel pasara al otro lado y ser liberados del pueblo Egipcio, también supo cómo habían destruido por mano de Dios a los reyes de los amorreos.
Ella sabía por quién tomaba sus riesgos. Rahab reconoció lo que muchos israelitas nunca jamás hicieron: ¡Que el Dios del cielo no era un dios cualquiera! Él es todopoderoso.
El día llegó y Dios hizo que cayeran los muros de Jericó para que así los israelitas pudieran tomarla. Sin embargo, la casa de Rahab quedó en pie. Tal como había sido acordado, Rahab y su familia fueron salvados, y a partir de ese momento moraron con Israel. Pero como veremos, la historia no termina aquí.
Por la fe y el valor
El registro de sus obras nos da suficientes pruebas bíblicas para saber por qué Dios la incluyó en el capítulo de la fe. “Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz” (Hebreos 11:31)
Rahab también demostró una gran fidelidad hacia sus seres queridos. Al ver la terrible destrucción que iba a ocurrir en la imponente ciudad de Jericó, ella pudo haber pensado únicamente en su propia seguridad, sin importarle los demás. Sin embargo, les hizo prometer a los espías que no solamente la protegieran a ella, sino a los demás miembros de su familia también. La fe de Rahab, su valor y preocupación por otros, la salvaron a ella y a su familia.
Sorprendentemente, Rahab se casó con Salmón, hijo de un príncipe de la tribu de Judá (1 Crónicas 2:10-15). De ese matrimonio nacería Booz, un fiel siervo de Dios. Booz se casó con Rut (la del libro de Rut), y su hijo Obed sería el padre de Isaí, quien a su vez fue el padre del rey David. De David descendería el Salvador de la humanidad, Jesucristo (Mateo 1:5-6, 15-16; Rut 4:21- 22).
Resulta increíble que una prostituta cananea se haya convertido en la madre en la genealogía del Mesías
En realidad, Rahab experimentó la esperanza mesiánica en una forma personal muy especial: fue liberada, tanto física como espiritualmente, por la misericordia de Dios.
Una vida transformada, tal como la experimentó Rahab, está disponible para todo aquel que siga las instrucciones del apóstol Pedro: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
Si una ramera de Canaán se pudo convertir en uno de los pocos santos mencionados en Hebreos 11, los héroes de la fe y del valor, y si pudo recibir el privilegio de estar en la genealogía de Jesucristo, entonces nada es imposible para Dios (Mateo 19:26). La increíble historia de Rahab encierra una gran lección para todos nosotros.
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